CON EL MAÍZ EN BAJA, GANA PESO EL NEGOCIO DE CONVERTIRLO EN CARNE

A mediados de marzo, antes de que Argentina ingresara en aislamiento social y cuando la pandemia del coronavirus comenzaba a dar los primeros indicios de lo peligrosa que podía ser, el maíz con descarga inmediata cotizaba en 135 dólares la tonelada en Rosario, según los datos que informa la Bolsa de Comercio de esa ciudad en su página web.

El precio con el que cerró el cereal el último miércoles fue 15 por ciento inferior: apenas 115 dólares. No sólo eso: es el valor más bajo al menos desde 2016. Nunca, en el último lustro, el maíz había estado por debajo de los 140 dólares para esta época del año.

El resultado es que, teniendo en cuenta el precio del flete y otros gastos, hoy para un productor alejado de las zonas portuarias el margen que está dejando el grano no es atractivo y lleva a pensar la posibilidad de agregarle valor a través de la producción de carne.

Esto constituye una oportunidad fundamentalmente para aquellas explotaciones que venían con un sistema mixto y que pueden incorporar más animales.

Para quienes sólo venían practicando agricultura, la limitante es los altos costos de inversión y de estructura que hay que solventar para poder incursionar también en el negocio ganadero.

“Lo que hace un productor siempre es ver cuánto cuesta el maíz que tiene en el campo, descontando los precios de comercialización, y calcula el costo de producir un kilo de carne. El que no tiene una infraestructura armada, recurre al vacuno. También lo puede guardar al grano, pero los silos bolsa no son una caja fuerte y está el riesgo de tener pérdidas por roedores u otros factores”, resume Víctor Tonelli, asesor privado experto en ganadería.

Desde su punto de vista, otro factor que potencia la posibilidad de sumar kilos bovinos es la incertidumbre económica y la expectativa de una nueva devaluación.

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