El campeón que no para de reinventarse

Minutos después de ganar el Open de Australia, Rafael Nadal requirió una silla durante los discursos que precedieron a la entrega del trofeo, el 21º en su cuenta de Grand Slams. Estaba destrozado por el esfuerzo. Con 35 años, la fatiga, la alopecia y los marcados rasgos de su rostro delataban a un adulto, a un gran campeón adulto. Atrás quedaba la imagen de otro Nadal, el tenista que irrumpió en el circuito profesional como un guerrero apache y salió vencedor de Roland Garros 2005: melena espesa, bandana, pantalones pirata y toneladas de energía. En este largo viaje, Nadal ha producido una notable pirueta. Es un caso de soterrada y constante reinvención.

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Por mucho que nos parezca el jugador de siempre, su tenis ha cambiado para afrontar los nuevos desafíosRead More

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