Las criptomonedas juegan a favor de los amaños deportivos

La Operación Oikos, desarrollada en mayo de 2019, fue un auténtico terremoto en el mundo del fútbol profesional español. Por primera vez, la sombra del amaño de partidos por apuestas salpicaba a la Primera División. Hoy, casi tres años después, la causa sigue abierta en un juzgado de Huesca intentando sortear las dificultades que entrañan las ramificaciones en el extranjero, los mensajes de telefonía encriptados y el imperceptible rastro que deja el trasiego de dinero que se mueve en la clandestinidad. De los aciertos y errores tanto de aquella operación policial —la más mediática—, como de otras, como la denominada Bitures, que destapó el amaño de partidos de tenis, surgen las enseñanzas que recibirán el 4 y 5 de mayo 30 agentes de la Policía Nacional a los que el Ministerio del Interior quiere formar ante las nuevas formas de corrupción en el deporte. “Con estas jornadas se pretende que los diferentes sectores implicados en la lucha contra los amaños en el deporte compartan experiencias e iniciativas”, explican fuentes de la Dirección General de la Policía.

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Los teléfonos encriptados que atascaron la Operación Oikos

El responsable de Integridad de la Liga de Fútbol Profesional, Iñaki Arbea, uno de los participantes en el curso, destaca que las tramas que se dedican al amaño de partidos y el fraude en las apuestas deportivas suelen ser grupos delictivos que, en muchas ocasiones, participan en otras actividades ilegales, principalmente el blanqueo de capitales. “Y, como siempre ocurre en el crimen organizado, utilizan la última tecnología en sus actividades”, señala. El material intervenido en la Operación Oikos, en 2019, refuerzan esa idea. 
Entonces, la Policía se incautó dos teléfonos encriptados a los dos presuntos cabecillas de la trama desmantelada entonces, los exfutbolistas Raúl Bravo y Carlos Aranda. Los responsables de las pesquisas siempre consideraron que ambos terminales podían contener buena parte de las claves para conocer el supuesto alcance real de sus actividades y, por ello, intentaron por todos los medios acceder a su contenido. De hecho, en algunas de las conversaciones telefónicas intervenidas, otros presuntos integrantes de la trama hablaban de utilizar este tipo de dispositivos para mantener las conversaciones más comprometedoras. “Cuando vayas a hablar de algo, fuera móviles, fuera…”, decía uno a su interlocutor. 
Por ello, los investigadores pidieron a expertos de la Policía, del Centro Criptológico Nacional (dependiente del servicio secreto CNI) y de varios laboratorios europeos que intentaran burlar el encriptado, pero sin éxito. Entonces solicitaron al juez del caso enviarlos al laboratorio digital forense que Interpol tiene en Singapur. En su escrito, los agentes reconocían “la imposibilidad técnica, debido al sofisticado nivel de encriptación, de hacer el volcado [acceso al contenido]” en España. “Tenían más medidas de seguridad que algunos grandes narcos”, resumía entonces a este diario un alto mando policial.
El magistrado autorizó el envío, pero los teléfonos móviles finalmente no viajaron a Singapur. Los expertos de Interpol tampoco veían forma de desbloquearlos. Así que el acertijo sigue esperando ser desvelado en dependencias policiales.

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